sábado, 26 de septiembre de 2015

Crepúsculo en Barasona

CREPUSCULO EN BARASONA

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"El Hombre no es más que una cabeza de alfiler con la facultad de contener un mundo. Un cosmos con nombre propio. Así, existe el orbe de José y de María, y el de Friederich y Aristóteles. Un mundo propio que s se cruza couyunturalmente con otros que le parecen, al Hombre, similares al suyo, hasta el punto de hacerle creer  que son uno y el mismo para todos. 
Mas intuye con oscura certeza, el Hombre, que, cuando alguien muere, su mundo muere con él. Y siente el asombro y el dolor de pensar que, cuando le llegue a él la hora, su mundo, con sus amaneceres, con la palabras proferidas o susurradas, con todo el dolor inmenso y ajeno que haya podido contemplar, con la historia de Abelardo y Eloisa o la misma revolución de los planetas, todo eso y más, totalmente todo “su” mundo, desaparecerá con él. 
¿Para qué tanto esfuerzo? se pregunta.  Y ya no quiere hacer el bien, ni el mal. Solo pide un lugar para ser feliz el tiempo que le ha sido concedido. El hombre solo quiere contemplar ese mundo que cabe en la cabeza de un alfiler,  donde sentir aplacada la nostalgia que le produce la oscura certeza de su concreta duración." Este fragmento de un relato que hace ya mucho escribí, se me vino a la cabeza el otro día (un espléndido día de otoño) tomába estas fotos en mi paseo a orillas del barasona.
"Tan sólo un lugar donde ser feliz..." 
Bueno, ese no estaba tan mal.
Al menos mientras duraba el crepúsculo.
Saludos.
josep turu
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